Fueron necesarios tres meses y medio para que el 14 de enero de
1983 el Ayuntamiento de Málaga notificara finalmente su
acuerdo plenario de archivo. Inmediatamente, se preparó
el recurso correspondiente, presentado en febrero ante la Audiencia
Territorial de Granada.
Fechas antes, la Junta Pro-Autonomía procedió a
la renovación de su Junta Directiva, debido a que las obligaciones
profesionales de algunos de sus miembros les impedía dedicar
a la misma el tiempo suficiente, además de haberse comprobado
que la co-presidencia de cinco personas decidida inicialmente
resultaba excesivamente compleja a efectos de firma y representación.
Por ello, se decidió la elección de un único
presidente, nombramiento que, mediante votación secreta
de los 28 miembros de la Junta asistentes, recayó en Pedro
Fernández Montes, quien fue respaldado con 26 sufragios,
mientras que José Sánchez Escaño obtuvo uno
y otro voto fue emitido en blanco.
El 17 de diciembre de 1982 quedó constituida por unanimidad
la nueva Junta Directiva, que quedó formada por Pedro Fernández
Montes como presidente; José Ramón del Cid Santaella
(Secretario); Luisa Gimilio Amate (Secretaria); Domingo Avisbal
Márquez (Tesorero); Eusebio Arribas Castillo, Antonio G.
Guillamón Maraver, Francisco Gómez Pérez
y Juan Vallejo Martín (Contadores); Isabel Manoja Serra
(Coordinadora), y los vocales Miguel Alarcón Alarcón,
Salvador Alarcón Mercader, Elena Avisbal Moreno, Antonio
Caffarena Martín, Francisco Campoy Carrique, Manuel Flores
Cruzado, José Fernández Montes, Antonio Gómez
Quesada, Francisco González Leal, Angeles Guerrero de Bóveda,
Ernesto López Serrano, Antonio Márquez Zaragoza,
Juan Montes Pinto, Roberto Olarra Pappalardo, Antonio Pedraza
Pérez, Manuel Rascón Medina, Francisco Rivera Márquez,
Francisco Romero Avila y Francisco Troncoso Rueda.
Con la situación en punto muerto, la Junta Pro-Autonomía,
como miles de ciudadanos, se dispusieron a esperar el desarrollo
de los acontecimientos pero, en contra de lo que algunos deseaban
y suponían, no cundió el desánimo y, ante
la larga espera que se sospechaba, se decidió multiplicar
las actividades para seguir recaudando fondos y, sobre todo, mantener
encendida la llama reivindicativa. Surgió entonces el boletín
informativo "La Voz de Torremolinos", que se hizo eco
de las fiestas, festivales infantiles, paellas populares y demás
actos que se sucedían. Fue en esa misma publicación
en la que el insigne malagueño y torremolinense de corazón
y adopción Manolo Blasco firmó un celebrado artículo
titulado "El Bacherama" en el que glosaba el abandono
que sufría Torremolinos por parte del Ayuntamiento de Málaga.
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Veinte meses después de haberse presentado el recurso ante
la Audiencia Territorial de Granada, ésta dictó
una sentencia que daba la razón a la Junta Pro-Autonomía
y obligaba al Ayuntamiento de Málaga a cursar la tramitación
del expediente que, en cumplimiento del trámite preceptivo,
fue objeto de exposición pública en marzo de 1985
sin que se produjeran alegaciones, aunque ello no evitó
que pasaran los meses sin que el alcalde, Pedro Aparicio, cumpliera
el paso siguiente de llevar el mismo nuevamente al Pleno municipal.
Era, pues, un nuevo bloqueo del proceso.
La
indignación popular fue en aumento en Torremolinos. La
Junta Pro-Autonomía, evitando la iniciativa jurídica
que prolongaría extraordinariamente en el tiempo el trámite
de expediente, optó entonces por propiciar una movilización
ciudadana capaz de demostrar a los dirigentes socialistas el verdadero
poder del movimiento y su firme resolución de perseverar
en sus fines.
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En septiembre de 1986 el pueblo de Torremolinos se echó
a la calle y, ante miles de vecinos, Pedro Fernández Montes
leyó un duro comunicado exigiendo el cumplimiento de la
Ley y advirtiendo que la paciencia del pueblo de Torremolinos,
que hasta entonces había dado un ejemplo de civismo, tenía
un límite y en ningún caso permanecería pasivo
ante el evidente secuestro de su voluntad del que estaban siendo
autores Pedro Aparicio y Francisco Bóveda.
Por fin, en noviembre de 1986, después de un nuevo retraso
de dos años, el asunto fue llevado a Pleno en el Ayuntamiento
de Málaga, donde el responsable del PSOE de Torremolinos,
junto con los demás compañeros de su partido en
la capital, volvieron a votar contra la independencia de Torremolinos.
Además, en esta ocasión el voto contrario también
se produjo por parte de otro concejal nacido en Torremolinos,
Miguel Escalona Quesada, quien, como Böveda, justificó
su posición afirmando que el respaldo recibido por su partido
en Torremolinos se correspondía con las personas contrarias
al proceso de segregación.
No era así. Salvo contadas excepciones, los vecinos de
Torremolinos, al margen de inclinaciones políticas, estaban
en su inmensa mayoría por la autonomía, y es por
ello que muchos consideraron a Francisco Bóbeda y Miguel
Escalona "traidores", dándose la paradoja de
que éste último fue precisamente el más beneficiado
de lo que jamás quiso ni defendió, ya que, merced
a una coalición, acabó siendo presidente de la Gestora
que administró Torremolinos a partir de su recuperada independencia
administrativa.
Efectivamente, aunque en 1991 el PSOE obtuvo muchos menos votos
que el Partido Popular, liderado por Pedro Fernández Montes,
un acuerdo de coalición con IU permitió a Miguel
Escalona convertirse en el primer alcalde electo del nuevo municipio
de Torremolinos.
Después del nuevo acuerdo del Ayuntamiento de Málaga
contrario a la independencia de Torremolinos aún pasarían
cuatro años hasta que el expediente, nuevamente retenido,
fuera remitido a las instancias correspondientes. En ese período,
además, se produjo el hecho importante de que las competencias
para decidir la segregación que ostentaba el Consejo de
Ministros fueron traspasadas al Consejo de Gobierno da la Junta
de Andalucía, gobernada por el PSOE, tan reiteradamente
opuesto a la independencia. Creció por ello la inquietud
de los torremolinenses, sobre todo tras conocerse que el expediente
remitido por Málaga fue acompañado de un informe
económico, que aclaraba el retraso de la tramitación,
cuya principal finalidad era demostrar que Torremolinos no cumplía
el requisito de autosuficiencia económica, lo que ofrecía
a la Junta de Andalucía un argumento legal suficiente para
confirmar la no procedencia de la concesión de la independencia.
Por si fuera poco, el alcalde de Málaga, Pedro Aparicio,
y el teniente alcalde de Torremolinos, Francisco Bóveda,
no cesaron de realizar pronunciamientos públicos en los
que aseguraba que Málaga recaudaba de Torremolinos unos
600 millones de pesetas, mientras que gastaba mucho más.
Fue, sin duda, una postura que pocos creyeron, sobre todo por
la contradicción que suponía pretender retener a
toda costa, frente a la reivindicación popular y contra
la Ley, lo que, según sus palabras, resultaba una carga
económica muy importante.
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