Concluido por fin el expediente jurídico demostrativo
de la capacidad de Torremolinos para cumplir los requisitos legales
exigidos, el documento de segregación, el más completo
que jamás se había elaborado en España, con
3.500 folios, fue presentado por Antonio Tastet Díez y
algunos miembros de la Junta Pro-Autonomía el 30 de abril
de 1982, celebrándose ese mismo día, como apoyo
al trámite administrativo, una manifestación popular
por las calles de Torremolinos a la que acudieron más de
5.000 personas.
A partir de aquel momento, todo dependía del Ayuntamiento
de Málaga. Si votaba a favor, el expediente tendría
una rápida tramitación. En caso contrario, la Junta
Pro-Autonomía se vería abocada al trámite
contencioso.
Aunque el PSOE de Torremolinos se había mostrado contrario
a la autonomía, eran muchos los que albergaban esperanzas
de que, una vez constatado el rotundo apoyo popular al proceso
de segregación, y tras haberse demostrado la capacidad
económica de supervivencia de Torremolinos, el PSOE votara
a favor de la independencia. Además, se tenía la
esperanza de que Francisco Bóveda, que no había
nacido en Torremolinos pero llevaba más de veinte años
viviendo en el pueblo, como máximo responsable del PSOE
en Torremolinos y también teniente de alcalde en el Ayuntamiento
de Málaga, influyera en sentido positivo sobre la decisión
final. Pero no fue así. Al final, lo que muchos calificaron
de "traición a su pueblo" se consumó el
29 de mayo de 1982, cuando Bóveda, como el resto de compañeros
de partido, antepuso sus intereses personales y su estatus de
concejal malagueño a los deseos del pueblo de Torremolinos,
votando contra la iniciativa de independencia.
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El rechazo mayoritario del Ayuntamiento de Málaga a la
segregación supuso un duro revés para la Junta Pro-Autonomía
y los miles de vecinos de Torremolinos que habían soñado
con ver cumplido su sueño de forma casi inmediata.
No obstante,
en julio de 1982 se interpuso el correspondiente recurso de reposición,
que fue tratado por el Pleno malagueño en sesión
ordinaria del 30 de septiembre de ese mismo año. De nuevo,
Francisco Bóveda y el resto de representantes socialistas
se opuso a la independencia de Torremolinos, lo que, por otra
parte, no representó ninguna sorpresa.
Además, en
dicha sesión no sólo fue rechazado el recurso sino
que, a propuesta del portavoz del PSOE, se decidió el archivo
del expediente y, por tanto, su no tramitación como exigía
la Ley.
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Se trataba, en síntesis, de llevar el proceso a "vía
muerta", ya que la única posibilidad de que el expediente
continuara, a través del Consejo de Ministros, obligaba
a recurrir a la vía judicial y, consecuentemente, a un
largo trámite de años que, probablemente, propiciaría
que se disiparan las aspiraciones e ilusiones mayoritarias del
pueblo de Torremolinos.
Ante
tal tesitura, la Junta Pro-Autonomía decidió solicitar
un informe a la Abogacía del Estado y el Ministerio de
Administración Territorial, que concluyó que el
expediente de segregación debía seguir su curso
y no podía ser archivado.
El alcalde de Málaga, Pedro Aparicio, como el resto de
sus compañeros, hizo caso omiso a tal pronunciamiento,
hasta el punto de no querer siquiera entregar el acta de la sesión
plenaria del 30 de septiembre, para con ello retrasar todo el
proceso iniciado.
La Junta Pro-Autonomía entendió siempre que la decisión
de archivar el expediente constituyó una decisión
injusta a sabiendas, un hecho tipificado legalmente como delito
de prevaricación, pero evitó acudir a la vía
penal, en aras de seguir agotando la vía contenciosa y
evitar que el trámite se eternizara.
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