La nueva Junta comenzó así una ardua tarea, cuya
finalidad no era otra que demostrar fehacientemente las razones
que justificaban la segregación . Para ello, había
que adoptar primero una importante decisión: elegir al
equipo profesional que llevara jurídicamente el proceso,
teniendo en cuenta además los importantes costes económicos
de una gestión de esta naturaleza. Finalmente, tras muchos
contactos, se decidió encomendar dicha tarea al abogado
granadino Antonio Tastet Díez, quien a la postre sería
auténtico artífice jurídico de un trámite
tan amplio y complejo, al que además se sumó de
forma entusiasta, con honradez y enorme profesionalidad, méritos
reconocidos hoy con el bautismo de una calle que perpetúa
su memoria.
En principio, los requisitos exigidos para obtener la condición
de municipio se resumían en tres:
- Territorio suficiente para desarrollar las actividades
propia de un municipio, un aspecto éste superado básicamente
al tener Torremolinos perfectamente delimitados con anterioridad,
desde cuando era municipio independiente, su término
municipal, por lo que se trataba de copiar el antiguo mapa
del Torremolinos de 1924, actualizándolo con los nuevos
barrios, distritos y urbanizaciones surgidas entre aquél
año y 1980.
- Contar con la voluntad popular. Un aspecto fácil
en apariencia, pero no tan sencillo en cuanto a su demostración
jurídica, sobre todo teniendo en cuenta que la Ley
no preveía la celebración de un referéndum,
por lo que la única forma de acreditar esa voluntad
popular era mediante la firma individualizada de un documento
de apoyo a la segregación de Torremolinos de Málaga.
La campaña a tal fin se inició el 15 de febrero
de 1981 y, programada para tres meses, la Junta Pro-Autonomía
hubo de prolongarla como consecuencia de que el censo oficial,
revisado ese mismo año, se había ya incrementado
en personas mayores de 18 años hasta los 12.000 habitantes,
lo que significaba que, siendo necesario acreditar la "voluntad
popular" en número superior al 50 por ciento de
la población, el número de firmas exigible alcanzaba
las 6.000.
Además, el PSOE, con una amplia mayoría en el
Ayuntamiento de Málaga y un triunfo electoral en los
colegios electorales de Torremolinos, inició desde
la ejecutiva local liderada por Francisco Bóveda, a
la sazón teniente de alcalde del Ayuntamiento de Málaga,
una campaña soterrada de oposición a la recogida
de firmas que dificultaba aún más esta iniciativa
y que motivó fuertes discrepancias en el seno del propio
partido, en el que destacados dirigentes locales, como el
anterior responsable en Torremolinos, Francisco Prieto Tejada,
hoy ya no militante socialista, discrepó abiertamente
de la postura impuesta por Francisco Bóveda, por considerar
que ir contra la autonomía suponía una tradición
a su propio pueblo.
Por su parte, el PCE, habiendo rehusado también a firmar
el Manifiesto, no hizo campaña en contra de la recogida
de firmas, dejando libertad a sus militantes, una decisión
influida por Brenea Chaves, vecina de Torremolinos y entonces
concejala del Ayuntamiento de Málaga.
Por fin, se superaron todos los obstáculos y trece
meses después, en marzo de 1982, se dio por terminada
la recogida de firmas, con más de 8.400 apoyos explícitos,
que suponían más del 70 por ciento del censo
oficial del momento.
- Contar con autosuficiencia económica.
No había dudas al respecto, aunque de la promesa formal
del entonces alcalde de Málaga, Pedro Aparicio, a la
Junta Pro-Autonomía, de facilitarle todos los datos
económicos relacionados con Torremolinos se pasó
a una cerrazón total al respecto, resultando especialmente
difícil demostrar documentalmente esa autosuficiencia
económica del municipio. De hecho, consciente de la
imposibilidad de acreditar lo contrario, el alcalde de Málaga
argumentó reiteradamente que Torremolinos era deficitario
y que, por tanto, su supervivencia dependía de las
aportaciones de Málaga.
Fue necesaria mucha paciencia y superar muchos inconvenientes
para que los miembros de la Junta Pro-Autonomía lograrán
acopiar los necesarios datos socio-económicos que probaran
la importancia de Torremolinos y los ingresos que podía
generar de cara a poder atender las necesidades que comportaría
un autogobierno. No obstante los problemas, finalmente se
elaboró un presupuesto teórico de 2.100 millones
de pesetas, confirmado más tarde como viable por los
técnicos de la Dirección General de Administración
Local y Justicia, que valoraron la evidencia de la rigurosidad
de este trabajo, corroborada además por el hecho de
que el primer presupuesto del nuevo municipio ascendió
a idéntica cantidad, 2.100 millones de pesetas.
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