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Después de la conversión del Castillo de Santa Clara en parador y residencia para extranjeros, en 1933 doña Carlota Alessandri, propietaria de numerosas tierras de La Carihuela, decidió convertir su cortijo de Cucazorra en el Parador de Montemar, con siete habitaciones.

Ya en los 40, abrió sus puertas el hotel La Roca y en la década siguiente Torremolinos fue configurándose como pionero del turismo mundial y cuna del nacimiento de la hoy famosa Costa del Sol. Primero, "descubierto" por una élite de turistas provenientes en su mayoría de Inglaterra y, ocasionalmente, de Estados Unidos.

Más tarde, a partir de 1959, con la inauguración del primer hotel de lujo de la zona, el Pez Espada, Torremolinos empezaría a acumular fama y proyección, hasta el punto de que, ya en los 60, contaba con 32 hoteles, con un total de unas 10.000 plazas, consolidándose como un gran destino turístico capaz de acoger a miles de visitantes. Fue el llamado "boom" turístico, que supondría la llegada de famosos del cine y del mundo del espectáculo, además de conocidas personalidades de la política del momento y destacados empresarios y hombres de negocio de todo el mundo quienes, encantados con sus estancias en la zona, se convertirían en auténticos pregoneros de las excelencias turísticas de Torremolinos que favorecerían que el hoy municipio lograra también consumar su papel de pionero del turismo en Europa.

 

Durante los meses de verano, Torremolinos era el centro neurálgico de la "movida" nacional, con todo lo que ello suponía de popularidad y bullicio.

Pero este desarrollo espectacular, a finales de los 60, trajo también consigo la constatación, cada vez más evidente, de que Málaga no atendía mínimamente las necesidades de Torremolinos y las exigencias que comportaba su protagonismo turístico, poniendo en evidencia una nula respuesta a las cada vez más exigentes demandas de mejores prestaciones y servicios que, por otro lado, empezaban ya a ser realidad en otros municipios de la Costa del Sol.

Surgieron, allá por 1968, las primeras inquietudes en pos de la independencia, que no se tradujeron en resultados efectivos al ser capitaneadas por una Junta Gestora de "notables" coordinada por el conocido abogado malagueño Victoriano Frías, en cuyo despacho se celebraban reuniones de no más de veinte personas nacidas o estrechamente vinculadas a Torremolinos, caso de Enrique Reyes de la Vega, Antonio Caffarena Martín y Pedro Fernández Montes.

El régimen dictatorial imperante en España, aunque en plena decadencia, vio siempre con recelo, cuando no negativamente, cualquier germen de proceso de segregación, aunque éste fuera en el ámbito municipal y estuviera previsto en la Ley. Por ello, fue relativamente fácil para quienes por entonces regían los destinos políticos de Málaga capital llevar a cabo las gestiones necesarias ante el Gobierno Civil para que se suspendiera, momentos antes de comenzar y por medios expeditivos, una asamblea constituyente prevista en el hotel Alay y donde tenían previsto dejar sentado muchos esperanzados vecinos su inequívoco sentimiento de independencia municipal.
La suspensión de este acto fue un verdadero escándalo, tanto por el fondo como por las formas, y provocó multitud de protestas y propósitos de continuar le "lucha" en pos de la constitución de una asociación promotora de la segregación.

Pero se trataba de un proyecto débil en sus raíces. La mayoría de los "notables" promotores del movimiento no soportó la presión institucional ejercida para intentar paralizar el proceso y el deseo de seguir delante de muchos torremolinenses se dio de bruces con la conclusión de quienes, desde la Gestora, entendieron que "por el momento, es aconsejable no continuar".
En 1979, constituidos los ayuntamientos democráticos y con las expectativas generadas por la nueva situación democrática, algunos partidos recogieron en sus programas electorales el proyecto de independencia y Torremolinos vio nacer un gran movimiento ciudadano basado en dos motivaciones: por un lado, el sentimiento profundo de los ciudadanos de Torremolinos de querer recuperar su identidad como pueblo; por otro, el abandono a que estaba sometido por parte de Málaga que, pese a tratarse Torremolinos del pionero y líder turístico indiscutible en la Costa del Sol y España, no cubría las necesidades esenciales de una zona de estas características, propiciando un deterioro de la imagen que, por el contrario, iba al alza en otros municipios de la zona, por lo que Torremolinos quedaba abocado a un segundo plano.

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